
Donde antes había tres cajeros en pocas manzanas, ahora, con suerte, queda uno. Eso en las ciudades. En cientos de municipios españoles han pasado de tener cajero a depender de oficinas itinerantes o de Correos para obtener efectivo. Pese a ello y a que la pandemia presagió el éxito final del pago con tarjeta o con dispositivos móviles, el dinero en metálico sigue muy presente.
Al tiempo que en España han ido desapareciendo las oficinas bancarias, también lo han hecho los cajeros automáticos.

















