
Un año malo tras otro. Como ya ha pasado con otros cultivos esenciales, como el aceite de oliva, la producción de naranjas en España -y de cítricos en general- va a vivir una segunda cosecha a la baja. El motivo, la prolongada sequía, a pesar de que las lluvias de este otoño sirven de cierto alivio para el campo.
Una situación a la que los productores, especialmente los del sur de la península, tratan de hacer frente con nuevas variedades de naranjos, más resistentes al estrés climático.

















